jueves, 5 de noviembre de 2026

Noviembre 5, Santa Angela de la Cruz


El 5 de Noviembre, nuestra Iglesia recuerda a Santa Ángela de la Cruz, virgen y fundadora del Instituto de las Hermanas de la Cruz (1846-1932). España

 

Sor Ángela de la Cruz, conocida popularmente como la "Madre de los pobres", nació en Sevilla el 30 de enero de 1846 en el seno de una familia muy humilde. Fue bautizada el 2 de febrero en la Iglesia de Santa Lucía con el nombre de María de los Ángeles Guerrero González. Su padre, Francisco Guerrero, era cardador de lana —oficio que consistía en lavar y cepillar la lana para dejarla lista para el hilado—. Además, para sustentar al hogar, colaboraba junto a su esposa, Josefa González, en la cocina del convento de los Padres Trinitarios. Tuvieron catorce hijos, aunque sólo seis sobrevivieron a la infancia debido a la alta mortalidad de la época. 

En su hogar se respiraba un profundo amor a la Virgen; durante el mes de mayo se montaba un altar para rezar el rosario, y su familia tenía encomendado el cuidado de la Virgen de la Salud de la Iglesia de Santa Lucía (cuya imagen se encuentra hoy en la Casa Madre de la Compañía en Sevilla). 

En la escuela aprendió las primeras letras, nociones de aritmética y el catecismo, recibiendo su primera comunión en febrero de 1854. Al fallecer su padre cuando Ángela era niña, tuvo que dejar la escuela a los 12 años para trabajar como obrera en un taller de zapatería. Ahí permaneció hasta los 29 años a cargo de la Sra. Antonia Maldonado una mujer piadosa que reunía a las trabajadoras todas las tardes para rezar el rosario en un oratorio privado.

Su profunda vida interior era evidente. Desde su juventud practicó una rigurosa mortificación personal: dormía sobre una tabla con una piedra por almohada, usaba cilicios y ayunaba frecuentemente. En su oración contemplativa, Dios le mostró una cruz vacía frente a la de Cristo crucificado, recibiendo la inspiración de inmolarse junto a Él por la salvación de las almas, "haciéndose pobre con el pobre para llevarlo a Cristo".

 En una ocasión, hacia 1862, mientras rezaban en el oratorio, experimentó un éxtasis místico; las demás trabajadoras la bajaron con sumo cuidado al taller por orden de Doña Antonia sin despertarla, y al volver en sí, Ángela exclamó con sencillez: "¡Me dejaron ustedes dormida!". Este hecho llegó a oídos del padre José Torres, quien se convirtió en su confesor y director espiritual.

En 1865 se cierne una oleada de cólera sobre Sevilla que azota a las familias pobres hacinadas en los "corrales de vecindad". Ángela se multiplicó para socorrer a los enfermos y desamparados. Por esos años sintió con fuerza el llamado a la vida religiosa; sin embargo, al intentar ingresar primero con las Carmelitas Descalzas y después con las Hijas de la Caridad, fue rechazada en ambas ocasiones por su frágil salud (aunque curiosamente, al regresar a su casa, se recuperaba). Comprendió entonces que los designios de Dios para ella iban por otro camino.

El 11 de octubre de 1874, por indicación de su director espiritual, comenzó a escribir su diario (conocido como «Papeles de conciencia»), donde fue detallando el estilo de vida que viviría la futura congregación. Poco después, El 8 de diciembre de 1874, ante su director espiritual, el padre José Torres, realizó de manera privada sus votos perpetuos, de pobreza, castidad y obediencia consagrándose por entero a Dios antes de dar el paso para fundar el Instituto el año siguiente.

El 2 de agosto de 1875, dio inicio formal al Instituto de Hermanas de la Compañía de la Cruz. Comenzó junto a tres valiosas compañeras: Juana María Castro, Juana Magadán (dos jóvenes sencillas y de pueblo) y Josefa de la Peña, una terciaria franciscana de posición desahogada que decidió aportar sus recursos para alquilar la primera y humilde vivienda. Con el tiempo adoptaron un sencillo hábito marrón y negro, y el pueblo comenzó a llamarla cariñosamente "Madre". La naciente obra recibió la bendición y aprobación eclesiástica de las autoridades de la diócesis de Sevilla, consolidándose con los años bajo la paternal protección del Cardenal Marcelo Spínola.

El sello distintivo de las Hermanas de la Cruz fue —y sigue siendo— un radical desprendimiento para vivir como los más pobres entre los pobres. No se limitaban a dar ayuda desde una oficina o un convento cerrado; las hermanas salían de noche y de día a los "corrales de vecindad" y a las chabolas para cuidar directamente a los enfermos abandonados, lavarles las llagas, cocinarles, hacerles compañía y atender a los moribundos en absoluta pobreza. La Madre Ángela les enseñaba que debían ser «pobres con los pobres para llevarlos a Cristo», borrando toda distancia social y convirtiéndose en servidoras y esclavas de los más necesitados.

El resto de su larga vida estuvo marcado por el sello doliente de la Cruz, pero también por la profunda alegría de quien se sabe luz en medio de la oscuridad. A pesar de su salud frágil, la Madre Ángela dirigió su obra con sabiduría, humildad y un amor inagotable. La Congregación creció rápidamente por toda Andalucía y otras regiones de España, fundando conventos-asilos donde la caridad se vivía en su forma más pura.

Después de una vida entera entregada sin reservas al servicio de Dios en los hermanos, Sor Ángela entregó su alma al Padre el 2 de marzo de 1932, a la edad de 86 años, tras sufrir un accidente cerebrovascular. Su partida conmovió profundamente a Sevilla: multitudes de personas de todas las clases sociales —desde los más pobres a los que dedicó su vida hasta autoridades civiles y eclesiásticas— acudieron a la Casa Madre para despedir a quien el pueblo ya consideraba una santa en vida. Su legado de amor extremo sigue vivo hoy a través de sus hijas, las Hermanas de la Cruz, que continúan abrazando el dolor del mundo con una sonrisa y una entrega incondicional.

Fue beatificada por el Papa San Juan Pablo II el 5 de noviembre de 1982 en Sevilla, y canonizada por el mismo pontífice el 4 de mayo de 2003 en Madrid. Su cuerpo incorrupto descansa en la Capilla de la Casa Madre de las Hermanas de la Cruz en Sevilla.

 La vida de la Madre Ángela nos enseña la santidad en lo cotidiano y oculto: Ella no necesitó realizar grandes obras intelectuales ni ocupar puestos de poder. Trabajó durante años en un taller de zapatería y en las tareas más humildes dándonos ejemplo de que cualquier trabajo ordinario, realizado con amor y ofrecido a Dios, es un altar de santificación. El gran lema de su carisma no era simplemente dar limosna desde la comodidad, sino ponerse al mismo nivel del hermano que sufre, borrando las distancias, nos invita a mirar a los vulnerables no como un problema que resolver, sino como el rostro vivo de Cristo a quien servir con ternura y dignidad.

 

 Para la reflexión:

 ¿Qué actos de caridad podemos realizar en el mundo actual a ejemplo de Santa Ángela de la Cruz? ¿Qué necesidades has visto en tu comunidad más cercana que puedas apoyar?

 Señor y padre nuestro, que iluminaste a la virgen Santa Ángela con la sabiduría de la cruz, para que reconociera a tu Hijo Jesucristo en los pobres y enfermos abandonados, y los sirviera como humilde esclava, concédenos por su intercesión y ejemplo el deseo de abrazar cada día nuestra propia cruz, unidos a Cristo crucificado y sirviendo a nuestros hermanos con amor. Por Jesucristo Nuestro Señor. Santa Ángela de la Cruz, ruega por nosotros. Amén.



Video de la vida de Santa Angela de la Cruz

miércoles, 4 de noviembre de 2026

Noviembre 4, San Carlos Borromeo


 

El 4 de Noviembre nuestra Iglesia recuerda a San Carlos Borromeo, Santo Cardenal Arzobispo de Milán (1538/1584) Italia.

 

San Carlos cuyo nombre significa "hombre prudente" ha sido uno de los santos extraordinariamente activos a favor de la Iglesia y del pueblo. Tomó muy en serio aquella frase de Jesús: "Quien ahorra su vida, la pierde, pero el que gasta su vida por Mí, la ganará".

Nació el 2 de octubre de 1538 en Arona, en el ducado de Milán, Italia, sus padres fueron Giberto II Borromeo y Margherita Medici. Desde joven dio señales de ser muy consagrado a los estudios y exacto cumplidor de sus deberes de cada día. A los 21 años, en 1559 obtuvo el doctorado en derecho civil y canónico en la Universidad de Pavia. Un hermano de su madre el cardenal Giovanni Ángelo Medici fue nombrado Papa con el nombre de Pío IV, y éste admirado de las cualidades de Carlos, lo nombró secretario de Estado.

 Cuando murió su hermano mayor, renunció definitivamente al título de conde y a la sucesión, y prefirió ser ordenado sacerdote y obispo a los 24 años y se dedicó por completo a la labor de salvar almas. Decía que un obispo demasiado cuidadoso de su salud no consigue llegar a ser santo y que a todo sacerdote y a todo apóstol deben sobrarle trabajos para hacer, en vez de tener tiempo de sobra para perder.

 Se comprometió en llevar adelante las reformas sugeridas por el concilio de Trento en respuesta a la reforma protestante, del que fue uno de los principales actores. Animado por un sincero espíritu de reforma, impuso una rígida disciplina al clero y a los religiosos sin preocuparse por las hostilidades que se iban formando en los que no querían renunciar a ciertos privilegios que brindaba la vida eclesiástica y religiosa. Fue blanco de un atentado mientras rezaba en la capilla, pero salió ileso, perdonando generosamente a su atacante.

 Como Obispo fue un verdadero pastor fiel, preocupado por las necesidades de la Iglesia de su tiempo, y para la formación del clero convocó sínodos, visitó muchas veces toda su diócesis con el fin de fomentar las costumbres cristianas y dio muchas normas para bien de los fieles.

 Fundó 6 seminarios para formar sacerdotes bien preparados, y redactó para esos institutos unos reglamentos tan sabios, que muchos obispos los copiaron para organizar sus propios seminarios. Fundo, además, 740 escuelas de catecismo con 3,000 catequistas y 40,000 alumnos. Fue amigo de San Pío V, San Francisco de Borja, San Felipe Neri, San Félix de Cantalicio, San Andrés Avelino y de varios santos más.

 Durante la terrible peste de Milán de 1576, mientras muchos huían de la ciudad para salvarse, él se quedó, organizó la atención a los enfermos, vendió sus propias pertenencias y ornamentos para dar de comer a los hambrientos y viajó a todos los rincones de su diócesis asistiendo a los apestados. Empleó todas las energías y su caridad no conoció límites.

 Su robusta naturaleza tuvo que ceder ante el peso de tanta fatiga.  Murió cuando tenía apenas 46 años el 4 de noviembre de 1584 en Milán, la ciudad de su sede episcopal a donde había regresado gravemente enfermo tras un viaje a los Montesalvos.

 Su cuerpo fue sepultado en la Catedral de Milán (el Duomo), donde permanece hasta hoy. En Arona su pueblo natal, le fue levantada una inmensa estatua conocida como "El Sancarlone" o “El Coloso de San Carlos Borromeo” que todavía existe.  Su cuerpo se conserva incorrupto en la cripta de la catedral de Milán. Su corazón, se venera en la Iglesia de San Carlos y San Ambrosio de Roma.

 Fue beatificado el 16 de septiembre de 1602 por Clemente VIII y canonizado1 de noviembre de 1610 por el Papa Pablo V.

 San Carlos Borromeo es patrono de los catequistas, de los seminaristas, directores y lideres espirituales y de las personas que trabajan en el sector de la bolsa y la banca. Se le invoca contra las enfermedades estomacales, ulceras y dietas.

 San Carlos Borromeo nos enseña que la vida no se hizo para guardarla o protegerla egoístamente de todo esfuerzo, sino para entregarla con generosidad. A menudo medimos el esfuerzo en función del descanso que nos queda, buscando siempre estar cómodos. San Carlos nos recuerda que la verdadera plenitud y la santidad se encuentran en "desgastarnos" por amor a Dios y al prójimo en nuestras familias, trabajos y comunidades. Su famosa frase —"un obispo demasiado cuidadoso de su salud no consigue llegar a ser santo"— no es una invitación a la imprudencia insensata, sino una llamada a no anteponer la comodidad personal al deber de amar y servir.


Para la reflexión:

 ¿Qué tanto eres capaz de desgastante para la Evangelización?

Señor y Padre nuestro, que nos diste a San Carlos Borromeo como ejemplo de entrega, te pedimos que inspires nuestra vida diaria con su celo apostólico y su amor incondicional por los más necesitados. Concede a nuestra comunidad la gracia de imitar su firmeza, su espíritu de sacrificio y su constante búsqueda de la mayor gloria de Dios. Que su valiosa intercesión nos fortalezca en el sufrimiento y nos guíe siempre por el camino del bien. Por Jesucristo nuestro Señor. San Carlos Borromeo, ruega por nosotros. Amén.


Video de San Carlos Borromeo

martes, 3 de noviembre de 2026

Noviembre 3, San Martin de porres


 

El 3 de noviembre, nuestra iglesia recuerda a San Martín de Porres, fraile de la Orden de Predicadores. Año 1639, Perú. De memoria litúrgica opcional.

Nació en Lima el 9 de diciembre de 1579, fruto del amor entre Don Juan de Porres, un caballero español de la nobleza de Burgos y de la Orden de Alcántara, y Ana Velázquez, una mujer negra libre nacida en Panamá. Debido a que sus condiciones sociales impedían el matrimonio formal, en su partida de bautismo de la Parroquia de San Sebastián figuró inicialmente como "de padre desconocido". Dos años después nació su hermana menor, Juana. A pesar de las marcadas limitaciones y el dolor del rechazo social, su madre Ana Velázquez crió a sus dos hijos con una esmerada y profunda educación cristiana, sembrando en el pequeño Martín un amor inmenso hacia Dios y hacia los desvalidos. 

Posteriormente, Don Juan de Porres fue destinado a Guayaquil, Ecuador, desde donde les proveía sustento económico. Al ver la situación precaria en la que iban creciendo los niños sin una figura paterna cercana, Don Juan decidió asumir su paternidad y legalizar su situación, reconociéndolos oficialmente como sus hijos ante la ley. Hacia 1586, quiso llevarse a sus dos hijos a Guayaquil con sus parientes paternos para ofrecerles un mejor porvenir; sin embargo, los prejuicios de la época pesaron en la familia y los parientes solo aceptaron a Juana, quien no había heredado la tez morena de su madre. A pesar de este doloroso rechazo, Martín se quedó casi tres años en tierras ecuatorianas, un tiempo valioso en el que aprendió a leer y escribir. Más adelante, cuando su padre fue nombrado Gobernador de Panamá, dejó a Juana al cuidado de los parientes en Guayaquil y envió a Martín de regreso a Lima al cuidado de su madre Ana Velázquez, asignándole una pensión económica fija para garantizar sus estudios y su sustento diario. De regreso en la Ciudad de los Reyes, el joven Martín comenzó a formarse con ilusión en los oficios que marcarían su vida de servicio, aprendiendo la barbería, la cirugía menor y la boticaria bajo la tutela de Mateo Pastor en la plaza de Lima, de donde heredó un conocimiento prodigioso de la medicina natural.

 En 1594, a los 15 años, el joven Martín sintió el llamado profundo de Dios y pidió ser admitido en la comunidad de los Padres Dominicos. Sin embargo, debido a las rígidas leyes y prejuicios raciales del Virreinato que impedían a las personas de raza negra o mestiza profesar como religiosos, solo fue aceptado como "donado", es decir, un servidor humilde que realizaba las labores más pesadas de la comunidad a cambio de sustento. Así vivió nueve años en total anonimato, practicando los oficios más bajos y siendo siempre el último de todos con una sonrisa en los labios. Finalmente, en 1603, sus superiores, conmovidos y transformados al ser testigos de su inmensa santidad de vida, le obligaron a profesar los votos como Hermano Cooperador, rompiendo los esquemas de su tiempo.

Al convertirse en hermano religioso, volcó su inagotable caridad a manos llenas. Los frailes bromeaban con ternura y se quejaban de que Fray Martín quería convertir el convento en un auténtico hospital, pues a todo enfermo que encontraba lo socorría, y cuando ya no tenía dónde alojarlos, no dudaba en llevar a los enfermos más graves y pestilentes a recostarlos cariñosamente en su propia cama. Con la ayuda de generosos bienhechores de la ciudad, fundó el Asilo de Santa Cruz para reunir a vagos, huérfanos y limosneros, ayudándoles a recuperar su dignidad. Recogía limosnas en cantidades asombrosas y repartía absolutamente todo entre miles de menesterosos que acudían a él buscando consuelo.

 Su amor por Dios se extendía a toda la creación: se cuenta que, movido por esa paz interior, logró que un perro, un gato y un ratón comieran juntos y en armonía en el mismo plato del convento. En otra ocasión, cuando el convento atravesaba una grave crisis de deudas, Fray Martín se posternó ante el Prior y le dijo con total desprendimiento: "Padre, yo soy solo un pobre mulato y propiedad del convento, véndame como esclavo para pagar las deudas", provocando el llanto y la conmoción del superior, que por supuesto se negó. Además, creó una huerta medicinal en la hacienda Limatambo para surtir la botica de la ciudad y plantó árboles frutales en los caminos públicos para que los viajeros cansados y pobres pudieran calmar su hambre.

 Su alma santa rozó la de otros grandes santos de su época: tuvo una estrecha y hermosa amistad con San Juan Macías y conoció a Santa Rosa de Lima, siendo los tres confirmados por el mismo arzobispo, Santo Toribio de Mogrovejo. Su vida espiritual era tan intensa que pasaba la mitad de la noche en oración íntima ante el crucifijo, el Santísimo Sacramento y la Virgen María, contando sus penas como a un amigo cercano. Fue protagonista de dones místicos extraordinarios: sin moverse nunca de Lima, fue visto en China y Japón animando con ternura a los misioneros desanimados o perseguidos, y en la propia ciudad era visto junto a las camas de los moribundos consolándoles antes de que fallecieran, un don de bilocación que reflejaba su anhelo de llegar a todos los que sufrían. Cuando su oración alcanzaba momentos de profunda devoción, su cuerpo se elevaba por los aires en un estado de levitación, completamente ajeno a los ruidos y a la presencia de la gente.

 Dormía apenas dos o tres horas, casi siempre por las tardes, y usó siempre con profunda humildad un sencillo hábito de cordellate blanco (sayal) con una capa larga de color negro. Alguna vez, el Prior lo obligó a recibir un hábito nuevo y un fraile lo felicitó; Martín, con esa sonrisa limpia que lo caracterizaba, le respondió: "Pues con éste me han de enterrar", y así fue. A la edad de sesenta años, Fray Martín cayó enfermo y anunció con serenidad que había llegado la hora de su encuentro definitivo con el Señor. Solicitó a los religiosos que se arrodillaran a su alrededor y entonaran en voz alta el Credo; y mientras sus hermanos cantaban la fe de la Iglesia, entregó su alma a Dios a las nueve de la noche del 3 de noviembre de 1639 en la Ciudad de los Reyes.

 Toda la ciudad le dio el último adiós en una despedida multitudinaria y conmovedora donde se fundieron y abrazaron todas las clases sociales. Sus restos descansan hoy en la Basílica y Convento de Santo Domingo en Lima, muy cerca de Santa Rosa y San Juan Macías.

 Fue Beatificado por Gregorio XVI en 1837, y canonizado el 6 de mayo de 1962 por el Papa Juan XXIII, quien sentía por él una devoción entrañable y lo proclamó oficialmente como Patrono de la Justicia Social. Es reconocido como patrono de los barberos, peluqueros, estilistas, enfermeros, auxiliares de sanidad, trabajadores de limpieza pública, barrenderos, farmacéuticos, boticarios, de la concordia y las relaciones raciales, del Colegio de Médicos del Perú y de la sanidad militar.

 De la vida de este humilde fraile peruano aprendemos la fuerza de la humildad transformadora, que nos demuestra que el verdadero poder no reside en los títulos ni en el aplauso, sino en el servicio entregado y silencioso. Nos enseña también la dignidad sin distinción, rompiendo los muros del prejuicio para ver siempre el rostro vivo de Cristo en el hermano que sufre, sin importar su color ni su condición.

 Para la reflexión:

 ¿A quién estamos dejando al margen en nuestras vidas por prejuicios o indiferencia, y de qué manera concreta podemos ser hoy nosotros la mano que cura y consuela a nuestro prójimo?

 Dios nuestro, que guiaste a san Martín de Porres hasta la gloria del cielo por el camino de la humildad, concédenos imitar sus ejemplos, para ser llevados con él a la patria celestial. Por Jesucristo Nuestro Señor. San Martín de Porres, ruega por nosotros. Amén.

Video de San Martin de Porres

Noviembre 2, Memoria de los fieles difuntos


 

Hoy, 2 de noviembre, nuestra Iglesia conmemora a todos los fieles difuntos. Más que un día de tristeza, es un día de profunda esperanza y de amor que trasciende la barrera del tiempo. 

Nuestra Iglesia se divide en tres grandes grupos, formando lo que llamamos la Comunión de los Santos: La Iglesia triunfante, que son los hermanos que ya se han salvado y están gozando del cielo. La Iglesia militante, que somos nosotros, los que estamos en la tierra luchando cada día por hacer el bien y evitar el mal y la Iglesia sufriente, que son los que están en el purgatorio purificándose de sus pecados o de cualquier huella que aún necesite el perdón de Dios, a ellos recordamos el día de hoy.

 La tradición de rezar por los muertos se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, en donde ya se honraba su recuerdo y se ofrecían oraciones y sacrificios por ellos. Cuando una persona muere ya no es capaz de hacer nada para ganar el cielo; sin embargo, los vivos sí podemos ofrecer nuestras obras para que el difunto alcance la salvación. Con las buenas obras y la oración se puede ayudar a los seres queridos a conseguir el perdón y la purificación de sus pecados para poder participar de la gloria de Dios. A estas oraciones seles llama sufragios. El mejor sufragio es ofrecer la Santa Misa por los difuntos.

 ¿Qué nos enseña la Biblia y la Iglesia sobre la muerte? La Palabra de Dios nos trae una luz inmensa. En el Evangelio de San Juan, Jesús nos consoló con una promesa firme: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá». Para un cristiano, la muerte no es el final de todo, sino el umbral, la puerta que se abre para un encuentro definitivo con el amor infinito de Dios. Es el paso de este mundo pasajero a la verdadera vida.

El profeta Jeremías ya nos hablaba en el Antiguo Testamento de la paz en la partida: «En paz morirás...», y en el libro segundo de los Macabeos leemos que se mandaban ofrecer sacrificios por los difuntos para que quedaran libres de sus pecados. Siguiendo esta hermosa tradición desde los primeros siglos, la Cristiandad escribía los nombres de los hermanos que habían partido en los llamados “dípticos” para orar por ellos en la Eucaristía. San Gregorio Magno afirmaba con sabiduría: «Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo».

La tradición de rezar por los muertos se remonta a los primeros tiempos del cristianismo. Cuando una persona muere terrenalmente, ya no puede acumular méritos por sí misma para ganar el cielo; sin embargo, los vivos sí podemos ofrecer nuestras obras, sacrificios y oraciones por ellos. A esto le llamamos sufragios. El mejor sufragio que podemos ofrecer es la Santa Misa. La Iglesia también nos recomienda la oración constante, las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia para acortar ese periodo de purificación de nuestros seres queridos. Además, aquí ocurre un hermoso intercambio de amor: nuestros difuntos, una vez que alcanzan la gloria de Dios, no se olvidan de nosotros; al contrario, interceden poderosamente ante el Padre por los que seguimos en la tierra, para que tengamos la gracia de ser fieles y alcanzar también la vida eterna.

 Cuando visitamos los panteones, llevamos flores, encendemos velas o nos reunimos en familia, la Iglesia nos recuerda el sentido católico de estos gestos: las flores son signo de la vida que no se apaga; las velas encendidas representan la luz de Cristo guiando a nuestros seres queridos; y la visita a los cementerios es el respeto a los cuerpos que esperan la resurrección.

 La Iglesia siempre nos enseña a vivir estas tradiciones libres de supersticiones o de miedos infundados. Los muertos no vienen a espantar a nadie, lo único que esperan y necesitan de nosotros es la oración, la eucaristía y la caridad hecha en sufragio por amor a ellos. Hagamos una pausa en nuestra rutina diaria para recordarlos con fe y gratitud.

 

Para la reflexión:

¿Has olvidado rezar por alguien que fue importante en tu vida? ¿Qué oración, sacrificio u obra buena puedes ofrecer hoy por el eterno descanso de esa persona? 

«Dios de misericordia y amor, ponemos en tus manos amorosas a todos nuestros hermanos que has llamado de esta vida a tu presencia. En esta vida les demostraste tu gran amor, y ahora que ya están libres de toda preocupación, concédeles pasar con seguridad las puertas de la muerte y gozar de la luz y la paz eterna. Habiendo terminado su vida terrena, recíbelos en el paraíso, en donde ya no habrá tristeza ni dolor, sino únicamente felicidad y alegría con Jesús, tu Hijo, y con el Espíritu Santo para siempre. Amén.»

Video, Memoria de los fieles difuntos


Noviembre 1, Solemnidad de todos los santos


 

El primero de Noviembre, nuestra Iglesia celebra la Solemnidad de Todos los Santos.

Este día se celebran a todos los millones de personas que han llegado al cielo, algunos han sido canonizados y son por esto propuestos por la Iglesia como ejemplos de vida cristiana. La comunión de los santos significa que ellos participan activamente en la vida de la Iglesia por el testimonio de sus vidas, por la transmisión de sus escritos y por su oración.

Contemplan a Dios, lo alaban y no dejan de cuidar de aquellos que han quedado en la tierra. La intercesión de los santos significa que ellos, al estar íntimamente unidos con Cristo, pueden interceder por nosotros ante el Padre. Esto ayuda mucho a nuestra debilidad humana. Su intercesión es su más alto servicio al plan de Dios, podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero. 

Aunque todos los días deberíamos pedir la ayuda de los santos, es muy fácil que el ajetreo de la vida nos haga olvidarlos y perdamos la oportunidad de recibir todas las gracias que ellos pueden alcanzarnos. Por esto, la Iglesia ha querido que un día del año lo dediquemos especialmente a rezar a los santos para pedir su intercesión.  

 Este día, es una oportunidad para recordar que Dios nos ha llamado a todos a la santidad, que ser santo no es tener una aureola en la cabeza y hacer milagros, sino simplemente hacer las cosas ordinarias extraordinariamente bien, con amor y por amor a Dios, que debemos luchar todos para conseguirla estando conscientes de que se nos van a presentar algunos obstáculos como nuestra pasión dominante; el desánimo; el agobio del trabajo; el pesimismo; la rutina y las omisiones.

 ¿Como podemos alcanzar la santidad? Detectando el defecto dominante y planteando metas para combatirlo a corto y largo plazo. Orando humildemente, reconociendo que sin Dios no podemos hacer nada, acercándonos a los sacramentos.

Los santos "canonizados" oficialmente por la Iglesia Católica son varios millares. Pero existe una inmensa cantidad de santos no canonizados que ya están gozando de Dios en el cielo. A ellos también está dedicada esta fiesta de hoy. La Santa Biblia afirma que al Cordero de Dios lo sigue una multitud incontable. En el cielo están san chofer de autobús y santa lavandera de ropa, san mensajero y santa secretaria, santa madre de familia y san gerente de empresa, san obrero de construcción y san agricultor, san colegial y santa estudiante, santa viuda, santa solterona, santa niña y santa anciana, san sacerdote, san obispo, san pontífice, san limosnero, san celador, santa cocinera, san arrendatario y san millonario, y muchos más que amaron a Dios y cumplieron sus deberes de cada día. 

Para meditar: ¿Cuál es tu defecto dominante que te aparta de la santidad? ¿Como puedes ir acortando la brecha entre tu y el cielo?


Dios todopoderoso y eterno, que nos concedes venerar los méritos de todos tus santos en una sola fiesta, te rogamos, por las súplicas de tan numerosos intercesores, la deseada abundancia de tu gracia, Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


Noviembre 1, Solemnidad de todos los santos

Octubre 31, Santa Maria de la Purisima de la Cruz


 

El 31 de Octubre, nuestra Iglesia recuerda a Santa Maria de la Purisima de la Cruz Salvat y Romero, Santa Religiosa. Año 1998, España.


La Sierva de Dios nació el 20 de febrero de 1926 en Madrid, España, en el seno de una familia acomodada. Junto con la primera educación asimiló también los valores cristianos. En el colegio madrileño de la Virgen María gestionado por Religiosas Irlandesas, recibió la Primera Comunión, la Confirmación y completó el currículum normal de los estudios.  

Maria Isabel fue madurando en todas las cualidades personales y culturales para poder proyectar una vida social llena de satisfacciones, ella, sin embargo, comenzó a percibir con mucha claridad la vocación a la vida religiosa, fue acogida como postulante en el Instituto de las Hermanas de la Compañía de la Cruz de Sevilla em 1944. Al año siguiente recibió el hábito religioso, asumiendo el nombre de Sor María de la Purísima de la Cruz, y fue admitida al noviciado. Ya durante este periodo de formación, la Sierva de Dios se distinguió por su compromiso, espíritu de sacrificio, el amor a la pobreza, un comportamiento humilde y un espíritu de obediencia desinteresada y convencida.

En 1947 emitió los votos temporales, y se le confió la dirección del colegio de Lopera, compromiso al que siguieron otros cargos de responsabilidad en Valladolid y Estepa. Fue auxiliar del Noviciado, Maestra de novicias, Provincial, Consejera General, Superiora de la comunidad de Villanueva del Río y Minas y en  1977 fue elegida Madre General del Instituto. Sería reelegida, con permiso de la Santa Sede otras tres veces para este cargo particularmente delicado en los difíciles años que siguieron al Concilio Vaticano II.

Tuvo una solicitud particular por la formación permanente de las Hermanas, sobre todo por las que atravesaban momentos de crisis y de desorientación, de modo que en aquellos años de experiencias y de no pocas incertidumbres su testimonio de vida constituyó un punto seguro de referencia para muchas de ellas. Cuidó con amor la animación vocacional cuyos frutos maduraron incluso de modo visible hasta el punto de que la Sierva de Dios tuvo que dedicarse a abrir nuevas casas religiosas en otras ciudades de España.

Su personalidad serena y jovial contribuía a crear un clima de confianza y de comunión, pero era sobre todo su sólida espiritualidad la que motivaba sus intenciones y sus acciones.  En 1994 le diagnosticaron un tumor, por el que tuvo que ser operada. Afrontó la enfermedad con gran docilidad a la voluntad de Dios y con fortaleza de ánimo y durante cuatro años mas continuó generosamente con su actividad. En los últimos días de vida, cuando el sufrimiento fue más doloroso, renovó su confianza en la bondad de Dios, preparándose para el momento del encuentro con el Esposo. El 31 de octubre 1998 se durmió piadosamente en la Casa Madre de Sevilla. En su funeral participaron numerosos sacerdotes y religiosas, junto con un grandísima asistencia de fieles, testimonio de una fama de santidad que ya en vida había acompañado a la Sierva de Dios. Fue beatificada el 18 de septiembre del 2010, durante el pontificado de S.S. Benedicto XVI. Y canonizada el 18 de octubre de 2015, por el papa Francisco.

Te damos gracias Señor y Padre nuestro por haber glorificado en tu Iglesia a Madre María de la Purísima de la Cruz, que renunció a todo para seguirte por el camino de humildad y pobreza, imitando así a tu Hijo Jesucristo Nuestro Señor. Haz que el ejemplo de su vida suscite en muchas almas el deseo de seguirte más de cerca, siviéndote en la persona de los pobres y enfermos necesitados. Por Jesucristo Nuestro Señor, Santa Maria de la Purisima de la cruz, ruega por nosotros. Amen.


Video de Santa Maria de la Purisima de la Cruz

Octubre 30, San Alonso Rodriguez


 

El 30 de Octubre, nuestra Iglesia recuerda a San Alonso Rodríguez, Santo Religioso de la compañía de Jesús. (1532 - 1617). España.

 Alonso nació en Segovia (España) en el año 1532, siendo el segundo de los once hijos del matrimonio formado por Diego Rodríguez y María Gómez, quienes se dedicaban al próspero comercio de paños, telas y tejidos de muy alta calidad. Su niñez y juventud estuvieron estrechamente ligadas a la Compañía de Jesús, institución que influyó profundamente en su formación espiritual desde temprana edad.

 La estabilidad familiar cambió drásticamente con la muerte de su padre. Alonso tuvo que hacerse cargo del negocio familiar, demostrando una notable incompetencia para el comercio de paños, lo que comenzó a mermar la estabilidad económica de los suyos.

 A pesar de las dificultades económicas, Alonso contrajo matrimonio con María Juárez, con quien tuvo dos hijos. Pero una cadena de dolorosas pérdidas sacudió su vida: primero fallecieron uno de sus hijos y su esposa; poco después, el negocio familiar colapsó por completo, seguido por las muertes de su segundo hijo y de su madre.

 Sumido en una profunda crisis y completamente solo, Alonso busco resolver su dolor por medio de una confesión general y un firme propósito de comenzar una nueva vida. Abrazó un intenso ritmo interior de trato con Dios que mantuvo fielmente durante seis años.

 Alonso cedió todos sus bienes a sus hermanos y marchó a Valencia en 1569 con el claro propósito de ingresar en la Compañía de Jesús. No obstante, se enfrentó a obstáculos que parecían insalvables: su edad avanzada para la época, la falta de estudios teológicos formales y una salud frágil.

 A pesar de todo, finalmente fue admitido en el Colegio Monte Sión en el año 1571. Allí se le encomendó el humilde oficio de portero, una labor que desempeñó de forma ininterrumpida hasta el año de 1610 (casi cuarenta años de servicio continuo).

Durante las cuatro décadas que abrió la puerta del colegio, San Alonso se convirtió en un foco radiante de espiritualidad. Superiores, novicios y visitantes se beneficiaban de su consejo. Cada vez que tocaban a la puerta, Alonso repetía interiormente: «¡Ya voy, Señor!», viendo en cada persona que llegaba al mismísimo Jesucristo.

 En la jerarquía y tradición interna de la Compañía, Alonso ocupó la figura de hermano coadjutor (denominado históricamente también como hermano lego). Estos religiosos consagran sus vidas mediante votos solemnes idénticos a los de los sacerdotes, colaborando en la misión de la orden desde el servicio práctico, la administración, la acogida y las tareas cotidianas, en lugar de presidir los sacramentos. Dentro de la Compañía fue considerado un modelo de obediencia absoluta, deseo de tribulación y auténtica familiaridad con Dios. Su autoridad espiritual fue tan profunda que se convirtió en el director y mentor espiritual de San Pedro Claver (el célebre apóstol de los esclavos en Cartagena de Indias), a quien el propio Alonso impulsó e inspiró con visión profética a marchar a las misiones de América.

 Aunque utilizaba un lenguaje sencillo y popular, escribió páginas de singular belleza mística que no provenían de los libros, sino de su propia experiencia de oración.

 Nadie imaginaba que aquel bondadoso portero que acogía a todos con una sonrisa sufría en silencio violentas tentaciones contra la castidad, escrúpulos severos y profundas arideces espirituales. El mero acto de meditar le generaba dolores físicos intensos, y parecía que sus años de mortificación no daban fruto. Sin embargo, haciendo acopio de una paciencia heroica, jamás se desanimó.

 Al final de su vida, experimentó una intensísima e ininterrumpida presencia de Jesús y de María que lo colmaban de consuelos místicos, al punto de que le era imposible apartar su mente de Dios. Estuvo adornado de diversos carismas, entre ellos visiones y el discernimiento de espíritus. El discernimiento de espíritus es la capacidad de distinguir si los pensamientos y deseos internos provienen de Dios (impulsando al bien y la paz) o de influencias contrarias.

 San Alonso Rodríguez falleció en Palma de Mallorca en las últimas horas de la noche del 31 de octubre de 1617. Fue beatificado el 25 de mayo de 1825 por León XII. Y canonizado el 15 de enero de 1888 por León XIII. Ese día era elevado a los altares junto a Juan Berchmans y Pedro Claver uno de sus dilectos discípulos.

 Es considerado el patrono de los hermanos coadjutores (legos) de la Compañía de Jesús, así como el protector tradicional de porteros, conserjes y recepcionistas.

 San Alonso Rodríguez, el santo de la puerta y la paciencia heroica un hombre que demostró que la santidad no se alcanza en los grandes escenarios del mundo, sino en la fidelidad silenciosa a las tareas cotidianas y en la entrega absoluta a Dios en medio del dolor humano. Tras fracasar en los negocios y sufrir la pérdida devastadora de toda su familia, Alonso descubrió que los aparentes "fracasos" o tragedias no son el fin, sino una invitación a reorientar la vida hacia Dios. Para ser santo basta con hacer las tareas humildes con un amor extraordinario. 

Para la reflexión: 

 ¿Cómo podemos transformar nuestras tareas ordinarias de hoy en una fuente de santidad y servicio a los demás?"

 Señor y Padre Nuestro, te damos gracias por estos modelos admirables que nos presentas en tus santos. Haz que queramos imitarlos y que seamos capaces de seguir sus buenos ejemplos. Por Jesucristo Nuestro Señor. San Alonso Rodríguez, ruega por nosotros. Amén.

 Video de San Alonso Rodriguez

jueves, 29 de octubre de 2026

Octubre 29 San Narciso de Jerusalen


 

El 29 de Octubre, nuestra iglesia recuerda a San Narciso de Jerusalén. Siglo I Israel/Palestina

Narciso nació a finales del siglo I (alrededor del año 99 d. C.), siendo de origen griego. Se formó en el cristianismo bebiendo en las mismas fuentes de la nueva religión. Debieron ser sus catequistas aquellos que el mismo Salvador había formado o los que escucharon a los Apóstoles.

Sirvió fielmente a su comunidad como presbítero mucho antes de recibir la consagración episcopal. Por el año 180 fue consagrado obispo trigésimo de la sede de Jerusalén, era de avanzada edad (alrededor de los 80 años), pero con el ánimo y dinamismo de un joven.

Durante una celebración de la Vigilia Pascual, la comunidad se quedó sin aceite para alimentar las lámparas que iluminaban la liturgia nocturna. Ante la escasez y la angustia de los fieles, Narciso, con profunda fe, mandó a los servidores que trajeran agua de un pozo cercano. Tras orar devotamente sobre el líquido, ordenó que lo vertieran en las lámparas: milagrosamente, el agua se convirtió en aceite, ardiendo con claridad y asombrando a toda la comunidad. 

En el año 195, San Narciso presidió un concilio en Cesarea para resolver un gran dilema: unificar con Roma la fecha de la Pascua. Mientras algunas regiones de las Iglesias de Asia Menor (como Éfeso), la celebraban según el calendario judío, San Narciso fue respaldando y alineando a las Iglesias de Oriente con la postura del Papa San Víctor I (obispo de Roma), logrando que se conmemorara siempre en domingo, fue así como toda la Iglesia empezó a caminar unida en la misma fe y celebración.

Permitió Dios que le visitara la calumnia. Tres de sus clérigos, movidos por la envidia ante su ejemplo y reprensiones, lo acusaron falsamente ante la comunidad de un grave pecado de impureza, sellando su mentira con terribles juramentos (pidiendo quemarse o perder la vida si mentían). Ante la infamia, el santo perdonó a sus difamadores y, viendo en ello la mano de Dios, renunció silenciosamente al gobierno de su grey para retirarse al desierto como ermitaño durante ocho años.

La envidia es el reflejo de un corazón egoísta que se entristece ante el bien o el éxito ajeno. El envidioso, incapaz de alcanzar las virtudes del otro, recurre a la crítica y a la calumnia para destruir lo que no puede imitar. Lejos del amor que se alegra con el bien del prójimo, la envidia consume el alma y desordena la comunidad. Dios, que tiene toda la eternidad para premiar o castigar, algunas veces lo hace también en esta vida, como en el presente caso. Uno de los maldicientes hace penitencia y confiesa en público su infamia. Posteriormente, los otros dos también revelaron su falsedad y se quebraron bajo el remordimiento. Limpio de toda culpa, regresa Narciso de su auto destierro.

 Al retornar, continuó pastoreando a sus fieles con gran sabiduría. Debido a su avanzada edad y a que su cuerpo acusaba el desgaste de los años la Iglesia de Jerusalén dispuso que el joven obispo San Alejandro fuera nombrado su coadjutor para auxiliarle en el gobierno de la diócesis. San Narciso falleció pacientemente en oración alrededor del año 216 d. C., rebasando los 116 o 117 años de vida.

 Es reconocido tradicionalmente por los fieles y el martirologio como patrono de La Ciudad de Jerusalén, de los Obispos y pastores, la Longevidad y los ancianos, siendo un testimonio vivo de que la utilidad y la fecundidad espiritual no terminan con los años, sino que la vejez puede vivirse con una profunda fecundidad en la oración y el consejo.

 Hoy en día se suele descartar a los mayores bajo la premisa de que ya "no son productivos". San Narciso asumió su obispado en la vejez y continuó pastoreando hasta superar los cien años. Su vida subvierte la cultura del desecho y nos recuerda que los ancianos son pilares de sabiduría, intercesión y memoria para la sociedad.


Para la reflexión:

¿Existe en este momento alguna situación en mi vida en la que me sienta herido por la incomprensión, la crítica o la envidia de otros, y de qué manera podría entregar ese peso en silencio a Dios?

Señor y Padre Nuestro, San Narciso nos enseña a llevar la cruz con paciencia. Hoy, como ayer, la envidia sigue presente en el mundo y a menudo nos toca sufrir sus consecuencias. Concede que, a ejemplo de este santo obispo, sepamos responder a las ofensas con el silencio de la fe y el perdón sincero. Danos la humildad para confiar siempre en tu justicia, guardando la paz en el corazón y la caridad hacia quienes nos rodean. Por Jesucristo nuestro Señor. San Narciso de Jerusalén, ruega por nosotros. Amén.


Video de la vida de San Narciso de Jerusalen

Octubre 28, San Simon y San Judas Tadeo

El 28 de Octubre, nuestra Iglesia celebra a San Simón y San Judas Tadeo, Apóstoles de nuestro Señor Jesucristo y Testigos de la Fe. Siglo I, Principio de nuestra era Cristiana.

 

El 28 de octubre, nuestra Iglesia universal celebra la festividad de dos de los doce apóstoles elegidos por Nuestro Señor Jesucristo: San Simón y San Judas Tadeo. Según la antigua tradición, ambos compartían una cercanía tan grande que siempre iban juntos a todas partes para predicar la Palabra de Dios, razón por la cual la liturgia conmemora su memoria en un mismo día.

Ambos formaron parte del círculo íntimo de Jesús: presenciaron sus milagros en Galilea y Judea, escucharon sus sermones, recibieron el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego el día de Pentecostés, fueron testigos de su Pasión, muerte y gloriosa Resurrección, y contemplaron su Ascensión al cielo.

San Simón: Su nombre significa “Dios ha oído mi súplica”. Antes de conocer a Cristo, pertenecía al grupo de los zelotes, un movimiento judío cuyo fin era trabajar duramente —incluso mediante la insurrección— contra la invasión del Imperio Romano en su tierra. Sin embargo, escuchar la palabra y la enseñanza de Jesús transformó radicalmente su perspectiva política en una apertura total a la universalidad del amor de Dios para toda la humanidad.

San Judas Tadeo: Su nombre hebreo significa “alabanzas sean dadas a Dios”, mientras que el sobrenombre “Tadeo” quiere decir “valiente para proclamar su fe”. Se le llama así para distinguirlo de Judas Iscariote, el apóstol traidor. Durante la Última Cena, fue él quien preguntó al Señor cómo se manifestaría al mundo, recibiendo aquella hermosa promesa: «El que me ame, observará mi palabra, y el Padre mío le amará, y vendremos a él y haremos nuestra mansión en él».

 San Judas Tadeo es autor de una de las epístolas breves del Nuevo Testamento. En ella, con gran firmeza, arremete contra las desviaciones doctrinales de su época y utiliza metáforas de la naturaleza muy gráficas: advierte que aquellos que tienen fe, pero carecen de buenas obras son como "nubes sin agua llevadas por el viento, árboles otoñales sin fruto y olas furiosas del mar que arrojan la espuma de su propia vergüenza". 

Debido a que ambos sellaron su testimonio con la sangre del martirio, el arte sacro los representa tradicionalmente con las herramientas asociadas a su muerte final. A San Simón se le suele pintar con una sierra, ya que la antigua tradición narra que fue martirizado aserrándolo por medio; por su parte, a San Judas Tadeo se le representa frecuentemente portando un hacha, simbolizando que su vida fue entregada siendo decapitado con este instrumento.

Hoy en día San Judas Tadeo es uno de los santos más populares del mundo por su poderosa intercesión en causas difíciles, empleo y vivienda— recibió un impulso místico siglos atrás. La mística Santa Brígida de Suecia relató en sus Revelaciones que el propio Jesucristo la animó a encomendarse con confianza a San Judas Tadeo cuando deseara obtener gracias y favores especiales.

Existe una gran confusión popular con respecto a la imagen de San Judas Tadeo, ya que muchos creen que el medallón que lleva en el pecho es una moneda de oro o plata. La realidad iconográfica es que representa el rostro de Jesucristo (el Mandylion), simbolizando que el apóstol solo actúa en representación de Cristo. Sin embargo, a raíz de esa equivocación visual, han surgido prácticas fuertemente supersticiosas: hay quienes le pegan monedas reales a las figuras creyendo que eso les traerá abundancia o hará que "rinda el dinero". Incluso, sectores al margen de la ley lo adoptan erróneamente como un amuleto de protección para sus fechorías. Olvidamos así que la verdadera devoción no es un truco de magia ni un talismán financiero, sino un llamado a vivir con rectitud y justicia, tal como el apóstol lo enseñó.

¿Qué Podemos Aprender de Sus Vidas? 

En San Simón vemos cómo los ideales puramente humanos, políticos o terrenales pueden ser transformados por la gracia de Cristo en un celo santo por la salvación de las almas. Dios puede transformar nuestra pasión y temperamento para ponerlos al servicio de su Reino.

San Judas Tadeo nos enseña que confesar la fe no es solo decirlo con palabras, sino respaldarlo con obras coherentes, defendiendo la verdad evangélica incluso cuando el entorno cultural se oponga radicalmente a los mandamientos de Dios.

San Simón y San Judas caminaron siempre juntos y nos recuerda que la misión cristiana no se vive en solitario. La comunión fraterna fortalece los pasos en los momentos de prueba y multiplica el fruto de la evangelización.

 

Para la meditación

 ¿De qué manera mis propias pasiones, luchas o intereses diarios pueden ser encauzados hoy para servir mejor al Evangelio?

 Señor y Padre Nuestro, que por la intercesión de San Simón y San Judas Tadeo, también nosotros podamos sentir el llamado de Nuestro Señor para seguirlo en las encomiendas que Él nos ha entregado. Que nuestros corazones puedan unirse, como se unieron los de ellos, al misterio de la vida, pasión, muerte y resurrección de nuestro Maestro. Que nunca olvidemos que la meta final de nuestra vida es la Patria Celestial. Por Jesucristo nuestro Señor. San Simón y San Judas, rueguen por nosotros. Amén.

 

Video sobre la vida de San Simon y San Judas Tadeo

Octubre 27, Santa Teresa Eustoquio Verzeri


 

El 27 de octubre nuestra Iglesia recuerda a Santa Teresa Eustoquio Verzeri. Fundadora de las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús. Año 1852, Italia.

 Teresa Verzeri nació nació en Bérgamo el 31 de julio de 1801en el seno de una familia aristocrática su padre fue Antonio Verzeri y su madre Elena pertenecía a la nobleza local, ambos profesaban gran devoción a San Jerónimo. Uno de sus hijos, que fue más tarde obispo de Brescia, se llamaba Jerónimo, y Teresa tenía como segundo nombre Eustoquio en recuerdo de una de las superioras que dirigió el convento que San Jerónimo fundo.  Teresa a pesar de su posición social acomodada, eligió la pobreza y la austeridad para dedicarse por completo a los marginados.

Decidió hacerse religiosa a los diez años el día de su primera comunión. Fue hasta el día de su confirmación años después que el canónigo José Bengalio la ayudo a discernir, puesto que no tenía por seguro que esta fuera la vocación de Teresa. La hizo salir y entrar y salir tres veces del Monasterio Benedictino de Santa Grata en Bérgamo.

Después de haber salido por tercera vez al no encontrar allí su vocación definitiva, Teresa se consagró enteramente a la instrucción religiosa de las niñas en una pequeña casa llamada Gromo, que pronto se convirtió en la semilla de la nueva congregación religiosa que había de fundó en 1831 junto al canónigo José Benaglio

 La vida de la nueva comunidad era muy austera, con largos períodos de silencio y ayuno. Teresa tuvo que hacer frente a muchas dificultades espirituales, dudas y tentaciones. La congregación empezó pronto a crecer, se ingresaron en ella numerosas jóvenes de buena familia, entre las que se contaban tres hermanas de Teresa, María, Judit y Catalina, además de su propia madre que había quedado viuda.

 El canónigo Benaglio se encargaba de la dirección espiritual de la comunidad y ayudó a redactar las reglas y constituciones que comprendían diferentes obras de caridad: escuelas para los niños pobres, visitas a las mujeres enfermas, centros religiosos y de recreación para las jóvenes que se hallaban en peligro y, sobre todo, retiros para mujeres según el espíritu de San Ignacio de Loyola.

 Durante el proceso de expansión de su obra en Brescia, contó con la amistad y el apoyo del Beato Luis María Palazzolo, quien la ayudó en las remodelaciones de las casas para la congregación.

 En 1841, Teresa y sus compañeras pudieron hacer la profesión solemne en manos del prefecto de la congregación de obispos y religiosos, el cardenal Constantino Patrizi. Unos cuantos días más tarde, fue publicado el decreto aprobatorio de la Santa Sede y la congregación fue definitivamente confirmada en 1847. Con esta ocasión, se autorizó a la fundadora a abrir una casa en Roma. La beata vivió todavía cinco más años después de la fundación de la casa de Roma. Durante ellos creció en gracia y santidad y su congregación con ella.

 Escribió más de 3,500 cartas de dirección espiritual y organizó tratados pedagógicos de vanguardia para la educación de niñas y jóvenes. Su pedagogía buscaba formar la libertad y la conciencia, no imponer normas mediante la represión.

 El cólera que azotó el norte de Italia le arrebató la vida a Santa Teresa, era el 3 de marzo de 1852. La multitud que asistió a sus funerales fue el mejor testimonio de la reputación de santidad de que gozaba y que no ha hecho sino aumentar con el tiempo.

 En algunas diócesis o comunidades se recuerda el 27 de octubre en conmemoración de la fecha de su beatificación en 1946 realizada por el Papa Pío XII. Fue canonizada el 10 de Junio de 2001 por Juan Pablo II.

 El cuerpo y las reliquias de Santa Teresa Eustoquio Verzeri se encuentran veneradas y conservadas en la Capilla de las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, en la ciudad de Bérgamo, Italia.

 Se le considera patrona de: Educadores sociales huérfanos y niñas, jóvenes en situación de riesgo social y de personas que atraviesan por situaciones de oscuridad o aridez espiritual (dado los prolongados períodos de dudas y "ausencia de Dios" que ella misma padeció y ofreció con paciencia).

 La Congregación de las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús sigue activa en el mundo. Tienen presencia apostólica en cuatro continentes: Europa (Italia, Albania), América (Brasil, Argentina, Bolivia), África (República Centroafricana, Camerún) y Asia (India). Mantienen viva la misión original a través de colegios, orfanatos, residencias universitarias, centros de formación femenina, misiones rurales y acompañamiento en retiros espirituales.

 

¿Qué podemos aprender de su vida?

La paciencia en el discernimiento: Su historia de entrar y salir tres veces del monasterio enseña que no encontrar el camino a la primera no es un fracaso, sino un proceso de maduración espiritual donde Dios va moldeando el corazón para la misión correcta. A pesar de vivir luchas internas y tentaciones profundas, mantuvo intacta su fidelidad a la caridad y al servicio al prójimo.

 

Para la reflexión:

¿somos capaces de confiar en que Dios es quien prepara nuestro corazón para una misión determinada? Tal vez no la que quiero, sino la que El necesita.

 Oh Dios que con el ejemplo de Santa Teresa Eustoquio nuestras comunidades sigan creciendo en el llamado a la vocación de jóvenes valientes que respondan con generosidad a la llamada de Dios. Así serán ante los hombres icono fieles de la esperanza de salvación cumplida en Jesucristo. Por Jesucristo Nuestro Señor, Santa Teresa Eustoquio, ruega por nosotros. Amén.


Video de la vida de Santa Teresa Eustoquio

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