jueves, 29 de octubre de 2026

Octubre 29 San Narciso de Jerusalen


 

El 29 de Octubre, nuestra iglesia recuerda a San Narciso de Jerusalén. Siglo I Israel/Palestina

Narciso nació a finales del siglo I (alrededor del año 99 d. C.), siendo de origen griego. Se formó en el cristianismo bebiendo en las mismas fuentes de la nueva religión. Debieron ser sus catequistas aquellos que el mismo Salvador había formado o los que escucharon a los Apóstoles.

Sirvió fielmente a su comunidad como presbítero mucho antes de recibir la consagración episcopal. Por el año 180 fue consagrado obispo trigésimo de la sede de Jerusalén, era de avanzada edad (alrededor de los 80 años), pero con el ánimo y dinamismo de un joven.

Durante una celebración de la Vigilia Pascual, la comunidad se quedó sin aceite para alimentar las lámparas que iluminaban la liturgia nocturna. Ante la escasez y la angustia de los fieles, Narciso, con profunda fe, mandó a los servidores que trajeran agua de un pozo cercano. Tras orar devotamente sobre el líquido, ordenó que lo vertieran en las lámparas: milagrosamente, el agua se convirtió en aceite, ardiendo con claridad y asombrando a toda la comunidad. 

En el año 195, San Narciso presidió un concilio en Cesarea para resolver un gran dilema: unificar con Roma la fecha de la Pascua. Mientras algunas regiones de las Iglesias de Asia Menor (como Éfeso), la celebraban según el calendario judío, San Narciso fue respaldando y alineando a las Iglesias de Oriente con la postura del Papa San Víctor I (obispo de Roma), logrando que se conmemorara siempre en domingo, fue así como toda la Iglesia empezó a caminar unida en la misma fe y celebración.

Permitió Dios que le visitara la calumnia. Tres de sus clérigos, movidos por la envidia ante su ejemplo y reprensiones, lo acusaron falsamente ante la comunidad de un grave pecado de impureza, sellando su mentira con terribles juramentos (pidiendo quemarse o perder la vida si mentían). Ante la infamia, el santo perdonó a sus difamadores y, viendo en ello la mano de Dios, renunció silenciosamente al gobierno de su grey para retirarse al desierto como ermitaño durante ocho años.

La envidia es el reflejo de un corazón egoísta que se entristece ante el bien o el éxito ajeno. El envidioso, incapaz de alcanzar las virtudes del otro, recurre a la crítica y a la calumnia para destruir lo que no puede imitar. Lejos del amor que se alegra con el bien del prójimo, la envidia consume el alma y desordena la comunidad. Dios, que tiene toda la eternidad para premiar o castigar, algunas veces lo hace también en esta vida, como en el presente caso. Uno de los maldicientes hace penitencia y confiesa en público su infamia. Posteriormente, los otros dos también revelaron su falsedad y se quebraron bajo el remordimiento. Limpio de toda culpa, regresa Narciso de su auto destierro.

 Al retornar, continuó pastoreando a sus fieles con gran sabiduría. Debido a su avanzada edad y a que su cuerpo acusaba el desgaste de los años la Iglesia de Jerusalén dispuso que el joven obispo San Alejandro fuera nombrado su coadjutor para auxiliarle en el gobierno de la diócesis. San Narciso falleció pacientemente en oración alrededor del año 216 d. C., rebasando los 116 o 117 años de vida.

 Es reconocido tradicionalmente por los fieles y el martirologio como patrono de La Ciudad de Jerusalén, de los Obispos y pastores, la Longevidad y los ancianos, siendo un testimonio vivo de que la utilidad y la fecundidad espiritual no terminan con los años, sino que la vejez puede vivirse con una profunda fecundidad en la oración y el consejo.

 Hoy en día se suele descartar a los mayores bajo la premisa de que ya "no son productivos". San Narciso asumió su obispado en la vejez y continuó pastoreando hasta superar los cien años. Su vida subvierte la cultura del desecho y nos recuerda que los ancianos son pilares de sabiduría, intercesión y memoria para la sociedad.


Para la reflexión:

¿Existe en este momento alguna situación en mi vida en la que me sienta herido por la incomprensión, la crítica o la envidia de otros, y de qué manera podría entregar ese peso en silencio a Dios?

Señor y Padre Nuestro, San Narciso nos enseña a llevar la cruz con paciencia. Hoy, como ayer, la envidia sigue presente en el mundo y a menudo nos toca sufrir sus consecuencias. Concede que, a ejemplo de este santo obispo, sepamos responder a las ofensas con el silencio de la fe y el perdón sincero. Danos la humildad para confiar siempre en tu justicia, guardando la paz en el corazón y la caridad hacia quienes nos rodean. Por Jesucristo nuestro Señor. San Narciso de Jerusalén, ruega por nosotros. Amén.


Video de la vida de San Narciso de Jerusalen

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