miércoles, 8 de enero de 2025

Enero 8, San Severino de Norico

El 8 de enero, nuestra Iglesia recuerda a San Severino de Nórico, Santo Abad, predicador. Patrono de Viena en Austria y de la Baviera en Alemania.

 

Había nacido probablemente en Roma el año 410, pero a nadie decía que era de Roma (la capital del mundo en ese entonces) ni que provenía de una familia noble y rica, pero su perfecto modo de hablar el latín, sus exquisitos modales y su trato finísimo lo decían.

 San Severino tenía el don de profecía (anunciar el futuro) y el don de consejo, dos preciosos dones que el Espíritu Santo regala a quienes le rezan con mucha fe. Se fue a misionar en las orillas del río Danubio en Austria y anunció a las gentes de la ciudad de Astura que, si no dejaban sus vicios y no se dedicaban a rezar más y a hacer sacrificios, iban a sufrir un gran castigo. Nadie le hizo caso, y entonces él, declarando que no se hacía responsable de la mala voluntad de esas cabezas tan duras, se fue a la ciudad de Cumana. Pocos días después llegaron los terribles "Hunos", bárbaros de Hungría, y destruyeron totalmente la ciudad de Astura, y mataron a casi todos sus habitantes.

 En Cumana en cambio, el santo anunció que esa ciudad también iba a recibir castigos si la gente no se convertía. Al principio nadie le hacía caso, pero luego llegó un prófugo que había logrado huir de Astura y les dijo: "Nada de lo terrible que nos sucedió en mi ciudad habría sucedido si le hubiéramos hecho caso a los consejos de este santo. Él quiso liberarnos, pero nosotros no quisimos dejarnos ayudar". Entonces las gentes se fueron a los templos a orar, se cerraron las cantinas, empezaron a portarse mejor y a hacer pequeños sacrificios, y cuando los bárbaros estaban llegando, un tremendo terremoto los hizo salir huyendo. Y no entraron a destruir la ciudad.

 El santo iba repitiendo por todas partes aquella frase de la Sagrada Biblia: "Para los que hacen el bien, habrá gloria, honor y paz. Pero para los que hacen el mal, la tristeza y castigos vendrán" y esto detenía a muchos y les impedía seguir por el camino del vicio y del mal. Predicaba a tantos pueblos la conversión, pronosticaba los desastre que les caería sino se convertían, predicaba a pecadores así fueran mendigos o Reyes.

 San Severino era muy inclinado por temperamento a vivir retirado rezando y por eso durante 30 años fue fundando monasterios, pero las inspiraciones del cielo le mandaban irse a las multitudes a predicar penitencia y conversión. Buscando pecadores para convertir recorría aquellas inmensas llanuras de Austria y Alemania, siempre descalzo, aunque estuviera andando sobre las más heladas nieves, sin comer nada jamás hasta antes de que se ocultara el sol cada día; reunía multitudes para predicarles la penitencia y la necesidad de ayudar al pobre y sanando enfermos, despertaba en sus oyentes una gran confianza en Dios y un serio temor a ofenderle. Vestía siempre una túnica desgastada y vieja, y fue muy venerado y respetado por cristianos y bárbaros, por pobres y ricos, pues todos lo consideraban un verdadero santo.

 El 6 de enero del año 482, fiesta de la Epifanía, sintió que iba a morir, llamó entonces a las autoridades civiles de la ciudad y les dijo: "Si quieren tener la bendición de Dios, respeten mucho los derechos de los demás, ayuden a los necesitados y esmérense por ayudar todo lo más posible a los monasterios y a los templos". Y entonando el salmo 150 murió el 8 de enero.

 A los seis años fueron a sacar sus restos y lo encontraron incorrupto, como si estuviera recién enterrado. Al levantarle los párpados vieron que sus bellos ojos azules brillaban como si apenas estuviera dormido. Sus restos han sido venerados por muchos siglos, en Nápoles. En Austria todavía se conserva en uno de los conventos fundados por él, la celda donde el santo pasaba horas y horas rezando por la conversión de los pecadores y la paz del mundo.

 

Para la reflexión:

 ¿Cuántas veces tiene que hablar nuestro Señor a nuestro corazón para que podamos escuchar su voluntad?

 ¿Qué te ha llamado más la atención de la vida de San Severino?

 Señor Jesús: que no nos suceda nunca ser castigados por la justicia Divina como aquellos pueblos que no quisieron escuchar la invitación de San Severino a convertirse. Recuérdanos la frase de la Biblia: "Ojalá escuchen hoy la voz del Señor, no endurezcan el corazón" (Salmo 94). Que escuchemos siempre a los profetas que nos llaman a la conversión, y que dejando nuestra mala vida pasada, salvemos nuestra alma. Por Jesucristo Nuestro Señor, San Severino de Nórico, ruega por nosotros. Amén.


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