El 26 de Octubre, nuestra Iglesia recuerda a San Evaristo, el papa #V de nuestra Iglesia Católica. Año 117, Belén de Judea.
Nació por
los años 60 en Belén, en el seno de una familia judía asentada en tierras
griegas. Gracias a esto, creció alimentado por la tradición hebrea y formado en
los liceos helénicos (Centros de Enseñanza) Aunque no conocemos los detalles
exactos de su conversión al cristianismo, pronto lo vemos en Roma como un
presbítero profundamente estimado por los fieles. Era un hombre docto en la
predicación, amplio conocedor de las Sagradas Escrituras y, sobre todo, humilde
en el servicio.
A la muerte
martirial del Papa Anacleto —sucesor de Clemente—, la mirada de la comunidad se
posó en Evaristo. Las crónicas antiguas cuentan que, al ser elegido sucesor del
Papa Clemente, intentó rechazar el cargo por no sentirse digno, asumiendo la
guía de la Iglesia no como un honor, sino como un servicio dispuesto al
sacrificio. La comunidad reconoció su valía y asumió la guía de la Iglesia
fechado el día 27 de Julio del año 108.
Durante su
pontificado, atendió con amor y entrega a su rebaño. A él se le atribuye la división inicial de Roma en parroquias o sectores
para atender mejor a los fieles en constante crecimiento. Asignó a los siete diáconos principales la tarea de velar
por los pobres y cuidar de la fe y la predicación de los obispos; esta estructura fue la semilla que siglos más tarde dio
origen al Colegio Cardenalicio. Fue uno
de los primeros en decretar que la unión matrimonial entre cristianos debía
celebrarse y bendecirse de manera pública, evitando las uniones clandestinas y
dándole un valor sagrado y transparente ante la comunidad. Defendió la
fe frente a los primeros errores gnósticos. Escribió además valiosas cartas a
los fieles de África y Egipto para mantenerlos unidos en la fe.
San Evaristo
vivió en una época donde la Iglesia era una minoría perseguida. No contaba con
grandes templos ni recursos materiales, pero su fe tenía la firmeza necesaria
para construir estructuras que perduran miles de años después.
A diferencia
de nuestro tiempo, en el que muchas veces buscamos el éxito veloz, el aplauso
fácil o los reflectores, San Evaristo nos enseña la fuerza del trabajo
silencioso y constante. Él entendió que las grandes obras no nacen del ruido,
sino del orden interno, la humildad y el servicio cotidiano a los demás.
Cuando
comparamos el siglo I con nuestro siglo XXI, el contraste es evidente: Frente a
la prisa y la cultura del "usar y tirar", San Evaristo nos propone
construir cimientos sólidos en nuestras familias, nuestras relaciones y nuestro
trabajo. Frente a la tentación de buscar reconocimiento rápido, su vida nos
recuerda que el verdadero liderazgo se demuestra sirviendo a los demás desde el
lugar en que nos encontremos, sin importar si el mundo nos está mirando o no.
Para la reflexión:
¿En qué área
de tu vida necesitas dejar de buscar el aplauso rápido para empezar a
construir, con humildad y constancia, algo que de verdad permanezca para tu
familia y tu comunidad?
Señor y Padre Nuestro. te pedimos
que por el ejemplo de San Evaristo fortalezcas nuestra fe, ilumines nuestro
entendimiento y protejas siempre a nuestros corazones. Concédenos la gracia de
mantenernos unidos a las enseñanzas de tu Iglesia siendo fieles instrumentos de
tu amor y de tu verdad. Por Jesucristo nuestro Señor, San Evaristo papa, ruega
por nosotros. Amén.

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