jueves, 15 de octubre de 2026

San Gerardo, 16 de Octubre



El 16 de Octubre, nuestra Iglesia recuerda a San Gerardo, Hermano redentorista. Año 1755, Italia.

 

Nació en Muro, un pueblecito cerca de Nápoles en Italia. Desde pequeñito su mayor delicia era entrar al templo y rezar ante el Santísimo Sacramento del altar.  Cuando murió su padre, Gerardo tuvo que abandonar sus estudios y dedicarse a aprender sastrería y después como obrero de un señor de la ciudad que lo trataba ásperamente y lo regañaba sin causa justa. Ni una sola vez el joven protestó por este modo cruel de tratarlo. Quería imitar a Jesús que cuando era ultrajado y tratado mal, se quedaba en silencio. 

Gerardo puso una sastrería, y las ganancias que conseguía las dividía en tres partes iguales: una para su mamá para los gastos de la casa, otra para los pobres y la tercera para pagar misas. Pagaba muchas misas por las almas de los difuntos.

En 1752 cuando tenía 23 años llegaron a su pueblo a predicar unos padres redentoristas y Gerardo les pidió que lo admitieran en su comunidad como un hermano lego. Los hermanos legos se encargaban de las labores de mantenimiento: agricultura, ganadería, cocina, carpintería, albañilería, enfermería o atención a las visitas. San Alfonso María de Ligorio, fundador de la congregación lo admitió en su comunidad y se dio cuenta de que era un alma muy agradable a Dios. Al ser admitido como religioso hizo sus tres votos o juramentos de castidad, pobreza y obediencia, y el añadió un cuarto juramento: "hacer siempre lo que me parezca que es más agradable a Dios". 

En el noviciado se dedicaba con tanto fervor a todo lo que tenía que hacer, que los compañeros decían: "Gerardo es un loco o es un santo". Su oficio en la comunidad era el de sastre y enfermero, pero a los padres les gustaba llevarlo a las misiones porque leía el estado de las conciencias de las personas. Tenía también el don de la bilocación, es decir, iba a sitios lejanos a darle algún mensaje a alguien que lo necesitaba, pero nadie lo veía retirarse de su sitio de trabajo. Cuando se quedaba en éxtasis en oración no oía ni veía lo que sucedía a su alrededor. Lo único que lo hacía volver en sí, era que lo llamara su superior.

Un gran regalo del Espíritu Santo fue el don de saber aconsejar a los demás. Varias comunidades de religiosas obtuvieron permiso para que Gerardo fuera a darles buenos consejos a través de las rejas de sus conventos. Numerosos sacerdotes le escribían pidiéndole consejo para casos difíciles.

En una ocasión, Gerardo fue acusado falsamente de un hecho grave. En lugar de llenarse de ira, amargura o buscar venganza, decidió guardar silencio y confiar su honor a Dios, hasta que tiempo después la verdad salió a la luz.

 El oficio preferido del hermano Gerardo era el de portero, porque allí podía ayudar a los mendigos y a mucha gente necesitada, hasta 200 personas llegaban en un solo día, y él los atendía como no lo hubiera hecho una madre. Cuando se acababan las provisiones se iba a la ciudad a pedirles a los ricos para ayudar a los pobres.

 Sus últimos meses fueron una mezcla de sufrimientos físicos y éxtasis espirituales. A pesar de su salud frágil nunca perdió la paz. En la puerta de su habitación en sus últimos días mandó escribir: "Aquí se hace la voluntad de Dios, como Él quiere y durante el tiempo que a Él le plazca". Con admirable precisión anunciaba cosas que iban a suceder en lo futuro y leía las conciencias de los que lo visitaban. Avisó que moriría el 15 de octubre, poco antes de la medianoche, y a esa hora murió, era el año 1755. Sólo vivió 29 años en esta tierra, pero llenó sus alrededores de hechos admirables.

Fue beatificado el 29 de enero de 1893 por el Papa León XIII y canonizado el 11 de diciembre de 1904 por el Papa: San Pío X. San Gerardo es ampliamente conocido como el «Santo de las Madres», y sus principales patronazgos incluyen: Madres gestantes y mujeres embarazadas, patrono del parto, los recién nacidos y los niños. De madres que buscan concebir y parejas con dificultades para lograr un embarazo.  Es patrono de las personas falsamente acusadas y patrono de los hermanos coadjutores o laicos redentoristas.

San Gerardo nos recuerda que no hay trabajo insignificante. Lo que dignifica nuestras tareas diarias en el hogar, en el trabajo o en la comunidad no es el título o el aplauso externo, sino el amor, la paciencia y el esmero con los que las realizamos. Nos motiva a ser más empáticos y atentos con quienes nos rodean, convirtiéndonos en una presencia de apoyo, consuelo y esperanza para los demás.

Para la reflexión: ¿Con qué actitud estamos realizando hoy nuestras tareas diarias? ¿Las hacemos solo por cumplir, o estamos poniendo en ellas el amor y el esmero que transforman lo ordinario en algo extraordinario?


Señor y Padre Nuestro, gracias por los dones que concedes a tus amigos para que, a ejemplo de ellos, nosotros también podamos imitarlos, especialmente a aquellos como san Gerardo que son más humildes y sencillos, menos orgullosos y vanidosos, pidamos a San Gerardo el don de la humildad y la entrega al prójimo. Por Jesucristo Nuestro Señor, San Gerardo, ruega por nosotros. Amén.



https://youtu.be/NFBXKqqau44?si=6R6Yg8R6ST308YDq


 

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